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21 de marzo de 2016

El ser humano y la depredación


por Germán Febres Chataing


El hombre ha sido el evento más problemático con el que la naturaleza ha tenido que lidiar en su historia, asegura experto que ha estudiado la evolución de los enemigos naturales.


germanfebres.wordpress.com/Las actitudes depredadores del hombre ponen en peligro la biodiversidad.


Los depredadores vagan por el mundo hace 500 millones de años.

Se cree que los primeros fueron un tipo de organismo marino simple, tal vez gusanos o crustáceos, que se deleitaron con los trilobites antiguos. Mucho después vinieron los famosos dinosaurios depredadores como el T. rex. Y más tarde llegaron los grandes mamíferos con dientes, como los gatos con dientes de sable o los lobos modernos. Pero hace mil o dos mil años llegó el peor de todos los depredadores en la historia de los seres vivos, nosotros.

No teníamos dientes grandes ni garras afiladas, o enormes tentáculos ni mordeduras venenosas. Pero teníamos inteligencia, y la astucia para fabricar herramientas y armas artificiales. Y, a medida que nos convertimos en cazadores cada vez mejores, empezamos a matar animales a gran escala. Acabamos con la paloma pasajera, el dodo y las grandes manadas de bisontes de América del Norte. El siglo pasado acabamos con grandes poblaciones de ballenas. Hoy en día las flotas pesqueras del mundo recogen más peces de lo que, según científicos, es sostenible.

El hombre es la mayor causa de muerte de mamíferos grandes en América del Norte. Pero más allá de nuestro consumo masivo de la fauna que nos da el planeta aparece un curioso acertijo: ¿Las presas y los depredadores están normalmente sumergidos en una carrera de armamentos evolutiva?

Como los depredadores evolucionan para correr más rápido, sus presas también desarrollan pies más veloces. Como los depredadores desarrollan dientes más filudos, los herbívoros desarrollan cuernos de protección. Algunos carnívoros cazan en manada, por lo que sus presas crean rebaños defensivos.

Pero no parece que los animales hayan desarrollado defensas contra nosotros, ¿por qué? ¿Se tratará de que los animales simplemente no han tenido tiempo para desarrollar defensas? ¿Será que no tienen ese tipo de variaciones en sus genes? ¿O tendrá que ver con la manera como nosotros los cazamos? Estas preguntas son planteadas por el profesor Geerat Vermeij, de la Universidad de California en Davis, Estados Unidos, en un ensayo científico que acaba de publicar la revista académica Evolution.

Vermeij estudia hace más de 30 años los efectos de los depredadores en la evolución. “Usualmente, cuando nuevos y más poderosos depredadores se desarrollan o llegan de otro lado, las especies locales se pueden adaptar por sí solas y quedar mejor protegidas con una variedad de medios; pero esta opción parece no servir cuando se trata de la evolución de los seres humanos como superdepredadores, dice.


jpaleontol.geoscienceworld.org/El profesor de Geología GEERAT VERMEIJ.


En su ensayo se pregunta por qué esto es así. Primero estudia por qué los animales se adaptan a otros depredadores no humanos. Demuestra cómo las presas animales, de manera exitosa y constante, desarrollan cierto tipo de defensas. La primera es volviéndose grandes. Si eres grande, es difícil, incluso para depredadores que cazan en manada, atacarte y vencerte sin una eventual lesión.

Estudios científicos han demostrado que los herbívoros terrestres de gran tamaño son hasta diez veces más grandes en peso que sus más grandes depredadores, los cuales no pueden desarrollar bocas lo suficientemente amplias como para lidiar con el descomunal tamaño de sus presas. Estos estudios explican por qué los leones, lobos y orcas tienden a evadir a los búfalos, alces y ballenas adultos y saludables, respectivamente; prefieren dirigirse a los más pequeños y más jóvenes. Si las especies no pueden crecer más, desarrollan otras defensas, como la pasiva armadura que ofrecen las conchas. Y cuando los depredadores desarrollaron formas de introducirse en las conchas, algunas presas se volvieron tóxicas. Son las ramificaciones de la evolución.

Un buen ejemplo, señala Vermeij, son los cefalópodos, animales que incluyen a calamares y pulpos. Versiones antiguas de estos animales tenían armaduras, pero, al ser vulnerables a pescados y ballenas con dientes, fueron remplazados por linajes más veloces, agresivos, venenosos o tóxicos.


20minutos.es/Los últimos seres humanos no contactados, de una tribu amazónica cazando aves. 


El superdepredador

Pero tenían que llegar los seres humanos. “La difusión de los humanos modernos representa una de las transformaciones ecológicas y evolutivas más grandes de la historia de la vida”, escribe Vermeij. Cazábamos y recogíamos en la tierra, pero pronto empezamos a explotar zonas intermareales, tomando pescados y mariscos. Esas zonas intermareales eran fuentes importantes de comida para los humanos prehistóricos que vivían en lugares como Sudamérica, Sudáfrica, California y Oceanía. Después empezamos a tomar animales grandes. Y lo que ocurrió fue que, entre más armas de defensa desarrollaban, más jugosos se volvían para nosotros: entre más grandes eran las ballenas, más apetitosas eran para el ser humano, por ejemplo. El tamaño no era una defensa contra el hombre. 

Y otros mecanismos de defensa también se convirtieron en desventajas a medida que los seres humanos se convirtieron en superdepredadores: los cuernos de los elefantes, por ejemplo. Volverse tóxico puede ser una mejor estrategia. Hay evidencia de que algunas especies marinas se han vuelto venenosas al ser humano. Los peces de arrecife y los cangrejos suelen ser tóxicos para ciertas personas debido a que contienen desagradables, y a veces letales, dinoflagelados. Pero los seres humanos también han encontrado formas de lidiar con esto. Muchas toxinas se concentran en ciertos órganos, como el hígado. Y los seres humanos han aprendido a retirar esos órganos para evadir sus efectos.

En pocas palabras, la manera como los seres humanos cazan parece ser el factor principal para prevenir que los animales se defiendan. Los animales sí responden a algunas presiones, y muchas especies han desarrollado defensas al hombre, explica Vermeij.

Pero nosotros cazamos en cantidades demasiado grandes, con demasiada sagacidad, y casi siempre enfocados en los animales más grandes. “Nuestra llegada a la tierra y nuestra historia tecnológica ha generado un enorme cambio en las evolución de la mayoría de especies”, concluyó el investigador.


Fuente:  germanfebres.wordpress.com/2012




Información:

HUMANO DESTRUCTOR DEL MUNDO

El hombre, hasta el momento ha permanecido en la cima de la pirámide depredadora y no existe en la actualidad ninguna criatura que le dispute el puesto. El mayor asesino de la tierra es el hombre y hasta mata por deporte. El depredador mata para sobrevivir. El hombre es autodestructor y es consciente del asesinato que está cometiendo.

El hombre se ha convertido en el voraz destructor de la fuente natural de su propia vida, en su afán por superarse y, que en cierta forma se siente un poco Dios; creador, inventor, transformador, dueño de la vida, patrón del universo, se olvida que todas las cosas en la naturaleza no están hechas por azar, que cada especie ocupa su lugar en la rueda de la vida, que cada una tiene un rol.

El hombre es aquel que destruye su propia naturaleza.

Destruye su hábitat con verdadera saña, como si odiara la bellísima morada en que vive, y a las criaturas que le acompañan y viven con él. Acaba con las plantas que son su abrigo, su alimento y medicina, sin el menor agradecimiento, sin la más mínima consideración. Destruye y aniquila. Bombardea la tierra y todo ser vivo que se le atraviese con fuerza destructora.

Y así pudiéramos hacer una relación de cuanta cosa destruye y/o intenta destruir el hombre en su paso por la tierra y cada generación, como si fuese la última que fuera a existir. Tanto es el afán destructor del hombre, que intenta por igual destruir su pasado y el pasado histórico, los patrimonios de la humanidad.

En Europa la naturaleza ya perdió la Batalla frente al Hombre, mientras que en nuestra América Latina todavía hoy las fuerzas naturales se oponen y luchan al avance de una civilización y que ahora muestra por todas partes su rostro destructor y depredador.

Como dijo Friedrich Holderlin "hay que tener respeto por la naturaleza, esa es la clave de la supervivencia de la Humanidad, y América Latina es todavía el reino de la naturaleza y es por eso una región de resistencia y de esperanza".

Como nos dice también Pablo Neruda en su Canto General: "esos pueblos indígenas a los que fue tan difícil conquistar, hasta el punto de que muchos de ellos prefieren la muerte en combate, a la sumisión, no son simplemente habitantes de la tierra, huéspedes de la tierra, sino la tierra misma".

El hombre, depredador de la naturaleza

Están los inconscientes que sólo consideran vida, la única digna de conservarse, la humana, como si la vida no fuera toda la naturaleza, de la que apenas somos una entre billones de especies y formas de vida.

A los humanos nos tomó millones de años convertirnos en la especie dominante que hoy arriesga su propia supervivencia si no se detiene el acelerado proceso de destrucción de la biosfera. Nuestra raza humana, cada uno de sus grandes grupos y cada uno de los individuos que la formamos, deberíamos dejar llevarnos por el instinto de supervivencia de la especie para prolongar su permanencia en el planeta. De eso se ha tratado a lo largo de la existencia de la humanidad.

Los que habitan la Tierra enfrentan riesgos reales y crecientes, la flora, la fauna y la humanidad (el hombre es también autodestructivo). Se empeña en la destrucción social de las regiones, ataca a la especie misma, se muestra peligroso por temperamento,

Hace guerras donde quedan millones de muertos, consume drogas y estupefacientes, intercambia virus genéticamente modificados, con lo cual se crean epidemias letales. Como ejemplo el SIDA. El Periódico Médico Británico asegura que «el SIDA superará la peste negra que sacudió al mundo en el siglo XIV».

El trabajo técnico y científico del hombre calienta la Tierra, el agente calorífico es el bióxido de carbono (CO2). Es consecuencia de la industria petroquímica, de la combustión de carbón, gas y petróleo, y del monóxido de carbono de los vehículos. Dados sus efectos, la temperatura ambiental del Planeta aumenta, la nieve se derrite en las montañas, las áreas polares se deshielan, el nivel de las aguas marítimas sube, en las zonas templadas las personas mueren de calor..

El agua, sustento de la vida, va desapareciendo, se ensucian los ríos, mares y quebradas merman o se secan. En contraste caen diluvios en amplias zonas de la Tierra. El cuadro de inundaciones, ahogados y desaparecidos es enorme. Los océanos reciben diariamente grandes cantidades de desechos líquidos y sólidos, basuras y excretas, procedentes de grandes y pequeñas ciudades.

Las selvas, océanos selváticos, fuentes de oxígeno y energía, depuradores atmosféricos, están atacados, intensamente quemados, talados sus árboles naturales, intervenidas las cadenas biológicas, aisladas las especies, dañadas sus poblaciones indígenas, alteradas sus condiciones naturales. Las reemplazan con hatos ganaderos o cultivos transgénicos que modifican genéticamente las plantas y alteran el ecosistema. Y la caza y pesca industriales exceden la capacidad de reproducción de las especies.


       

Publicado el 8 ago. 2013 por  ACUPA ASOCIACIÓN CIVIL Celaya Gto.


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