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23 de abril de 2016

El Secreto Egipcio del Gran Cañón del Colorado


por joseluis


¿Será que los antiguos egipcios llegaron hasta Norteamérica mucho antes que los vikingos y los españoles? 

¿Oculta el gobierno de EE.UU. la existencia de un conjunto funerario en el macizo del Gran Cañón? El 5 de abril de 1909, el diario estadounidense “Phoenix Gazette” anunciaba, en primera plana, el descubrimiento de un enorme sistema de cuevas y pasadizos excavados en las entrañas del Gran Cañón del Colorado.

Este extraordinario hallazgo habría sido descubierto por G.E. Kinkaid (explorador que llevaba 30 años trabajando para el Instituto Smithsonian de Washington), y la investigación del caso habría sido encomendada al prestigioso arqueólogo de la misma institución, S.A. Jordan.

mundodesconocido.es/Primera pagina del “Phoenix Gazette” donde se da la noticia del mencionado descubrimiento (Cortesia de www.spiritofmaat.com).



La investigación

El articulo, textualmente, rezaba asi:

G.E. Kinkaid nos comunicó las últimas noticias sobre cómo marchan las investigaciones del que, en opinión de los científicos, no es únicamente el descubrimiento arqueológico más antiguo de EE.UU., sino también el de mayor importancia de todo el mundo. […] Kinkaid descubrió, hace unos meses, una gran ciudadela subterránea en el Gran Cañón mientras descendía con un bote de madera por el río Colorado en dirección a Yuma, procedente de Green River (Wyoming).

Según ha informado, los arqueólogos del Smithsonian han descubierto, de manera casi segura, que el pueblo que habitaba esas cuevas excavadas en la roca eran de origen oriental y, probablemente, de origen egipcio […] El Instituto Smithsonian está realizando una minuciosa investigación dirigida por el profesor S.A. Jordan. Hasta ahora se han explorado casi dos kilómetros del pasadizo considerado principal, que está situado a unos 450 metros por debajo de la superficie del suelo, y se ha hallado una sala de grandes dimensiones desde la que parten varios pasillos en todas direcciones, como si se tratase de los radios de una rueda.

De ese modo, se han encontrado cientos de estancias, así como muchos objetos […] que teóricamente procederían de Oriente: armas de guerra, instrumentos de cobre afilados y duros como el acero […] muy demostrativos del alto grado de civilización al que llegaron esas misteriosas gentes.”

Continuaba el articulo citado, sobre cómo había sido el hallazgo efectuado por parte de G.E. Kinkaid , descrito con sus propias palabras: 


“[…] el yacimiento es casi inaccesible. La entrada se encuentra a 450 m. por debajo del macizo del cañón. Se halla dentro de propiedad estatal, y está totalmente prohibido el acceso a la misma.

Los científicos desean trabajar sin que nadie les moleste […] Bajaba por el río Colorado con un bote. Estaba sólo y buscaba minerales […] así que, por casualidad, descubrí en la pared oriental de la ladera del rio, manchas de color entre la formación sedimentaria […] y observé unas cuevas cuya entrada está encima de cierta meseta que la protege de miradas curiosas. Desde tal entrada, unos escalones conducen hacia donde antes llegaba el río (bajó de nivel por las marcas en las rocas).

[…] después de avanzar unos 30 m. por una de las cuevas, llegué a entrar en una cámara funeraria, donde descubrí unas momias. Levanté una de ellas y la fotografié con flash. Asimismo me llevé de allí diferentes objetos y seguí mi viaje hasta Yuma; desde donde los envié por barco a Washington junto con un informe redactado acerca de mi descubrimiento.

El corredor principal mide 3,5 m. de ancho […] y a los lados hay cámaras del tamaño de una sala de estar, a las que se accede a través de entradas ovaladas […]; todo ello, espacios trabajados de manera tan perfecta que seguramente fueron diseñados por un ingeniero.

A más de 30 m. de profundidad de la citada entrada, hay una sala en forma de cruz, de varias decenas de metros de longitud, en la que se halló la imagen de un dios sentado con las piernas cruzadas. En cada mano sostiene una flor de loto o una lila. Ese dios recuerda a un Buda […], por lo que es posible que se trate de un vestigio de culto semejante al del antiguo Tíbet. Alrededor de este dios hay diferentes figuras más pequeñas; algunas muy hermosas y otras desagradables. Todas las imágenes están hechas de piedra dura semejante al mármol.

En el lado opuesto de la sala se encontraron instrumentos de cobre de todo tipo.

Es obvio que este pueblo dominaba el arte perdido de endurecer ese metal. […] también se hallaron jarrones y urnas, así como recipientes de cobre y oro […] y asimismo un metal gris semejante al platino, que hasta el momento no se ha podido identificar.

En todas las urnas, paredes y tablas se encuentran grabados misteriosos jeroglíficos, en cuyo desciframiento aún se está trabajando […], y hay también dos representaciones de animales, siendo uno de ellos de tipo prehistórico.

La cripta que alberga a las momias es una de las de mayores dimensiones […] y todas las momias son masculinas.

Las dimensiones del conjunto son impresionantes […]; podrían albergar a más de 50.000 personas”.

El silencio o encubrimiento

Desde ese lejano 5 de abril de 1909, no se ha vuelto a saber nada acerca del descubrimiento. No se han publicado estudios, ni se ha vuelto a mencionar el tema en ningún volumen de historia para dar legitimidad al hallazgo o, en cambio, considerarlo como un fraude. Simplemente se ciñó el silencio sobre este importante acontecimiento.

En 1995, David Hatcher Childress, del World Explorer Club de Kempton (Illinois), se propuso aclarar si aquel titular era falso o verdadero. Para ello, se puso en contacto con el Instituto Smithsonian, el cual le respondió que nunca habían llevado a cabo ninguna excavación ni sabían nada del tal Kinkaid ni de Jordan. Es decir, el Smithsonian negaba cualquier conocimiento de aquellos hechos y de las personas citadas en ellos.

La curiosidad de Childress no ceso ahí, y continuó investigando ayudado por Carl Hat.

Ambos estudiosos del tema descubrieron que, en 1910, el Smithsoian Cientific Series (la revista de divulgación científica de la institución), mencionaba expresamente al profesor S.A. Jordan en la página 239. También encontraron un mapa con diversos enclaves de la zona septentrional del Gran Cañón que aparecían señalados con nombres egipcios. Posteriormente, al preguntar a un arqueólogo del Estado acerca de esa nomenclatura, éste les respondió simplemente que, los primeros investigadores, habían bautizado aquellos lugares con nombres egipcios porque “les gustaban”. Este, también les afirmó que la zona en cuestión estaba cerrada por el peligro que entrañaban sus cuevas, de tal manera que nadie podía acceder a aquella zona del Gran Cañón.

¿Aislacionismo?

¿Qué interés podía llevar al Instituo Smithsonian a silenciar este increíble descubrimiento?

Según Childress, probablemente es la idea del “aislacionismo”. Desde hace décadas dos ideas acerca de los antiguos habitantes de Norteamérica se contraponen. Los investigadores se dividen entre los que apoyaban el “difusionismo” (una civilización primigenia se habría extendido o habría contagiado sus conocimientos y modos de vida a sus comunidades colindantes) con aquellos que abogaban por el “aislacionismo” (comunidades humanas que habrían evolucionado sin contacto con sus vecinos). La Smithsonian se habría decantado desde sus orígenes por esta segunda teoría, llegando a asegurar que las tribus de Norteamérica no habían tenido contacto entre si y menos un origen común.

Y es que esta archifamosa institución, parece que se empecina en mantener ocultos algunos descubrimientos.

A mediados de los años 50, Frederick J. Pohl escribió una carta al arqueólogo británico T.C. Lethbridged a modo de protesta. En ella le dijo que en 1892, se encontraron unos extraños sarcófagos de madera en Blount County (Alabama), los cuales se habían entregado al Instituto Smithsonian para su análisis.  Al parecer, esta especie de ataúdes eran extraordinariamente grandes y parecían estar tallados con alguna clase de piedra o cobre.

Pohl dice que cuando se puso en contacto con el Smitsonian interesándose por el paradero y estudio de estos objetos, las palabras de F.M. Setzler, director del departamento de antropología de dicha institución, fueron: “No hemos encontrado los sarcófagos entre los objetos que guardamos, aunque hay notas de que los habíamos recibido”.

En 1992, David Barron, presidente de la Sociedad Gungywamp de Connecticut, insistió sobre esclarecer el tema de esos extraños sarcófagos a la institución. La respuesta fue que simplemente se trataban de artesas de madera. Cuando Barron cursó una petición formal para su estudio, el Smithsonian le respondió que esas artesas no podían visitarse pues se encontraban dentro de un almacén contaminado por asbesto y, por tanto, estaba prohibida su visita excepto para los colaboradores del instituto.

Childress denuncia que, un conocido historiador estadounidense (cuyo nombre pidió mantenerse en el anonimato) conoció a un investigador del Smithsonian que abogaba por la tesis de la llegada a América de pueblos anteriores a Colón, y ésto le supuso ser expulsado de la institución. Ese hombre llegó a afirmar que, en al menos una ocasión, el Smithsonian llegó a hundir deliberadamente en el Atlántico un cargamento de “extraños objetos”.

Velo de secreto

¿A que se debe el velo de secreto que se ciñe sobre los trabajos arqueológicos de EE.UU. por parte de esta institución? ¿Por qué se ocultan hallazgos y objetos a la vista del público?

¿Es puro “orgullo” de investigadores que se niegan a reconocer que están equivocados, o se esconde algo mucho más profundo?


Fuente:  mundodesconocido.es/2013



Información:

Silenciado el mayor descubrimiento del siglo XX en el Gran Cañón

En el Gran Cañón, en el año 1909, se publicó en la Gazeta de Arizona el hallazgo de un gran descubrimiento arqueológico, donde se encontraron momias con rasgos orientales o egipcios.

Un buscador de minerales, GE Kinkaid, halló una cueva con túneles, cámaras, metales desconocidos, urnas y paredes con misteriosos jeroglíficos; una ciudad capaz de albergar 50.000 personas, pero todo indica que el Instituto Smithsonian silenció este gran descubrimiento.

Es curioso que numerosos cerros del Gran Cañón tengan nombres griegos, hindúes, chinos, egipcios y nórdicos.

¿Quién puso esos nombres? ¿Por qué?


Música: Nebur Maik Song For Karina fullversion


       

Publicado el 3 abr. 2015 por  MisteriosOcultosTv


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