26 de abril de 2017

El Doble


por G. C. Edmonson

Relato

La creencia de que todo el mundo tiene su doble es muy antigua en el folklore germánico y aún en otros. Recientemente, se adaptó a la era espacial cuando una linda morena, que se hacía llamar Vivenus, se presentó en un congreso de especialistas en OVNIS de Nueva York.

Vivenus afirmaba ser el doble de una terrícola, asegurando que la habían enviado desde Venus para sustituir a su sosias, al suicidarse ésta. Da la coincidencia (?) de que el mismo año en que Vivenus afirmaba haber llegado a la Tierra (1960), se publicó el relato de G. C. Edmonson (Mercury Press)...e incluso la misión asignada parece ser la misma. 

laalcobadevenus.wordpress.com/Posible imagen de Vivenus, la chica llegada del espacio.

Tras un comienzo tan esperanzador, al doctor Mason le estropearon el día. No era posible ignorar lo que había encontrado. Sin embargo, lo merecía por burlarse tanto del Servicio de Seguridad

Disimuladamente, miró por encima del hombro, pero ya había desaparecido el encargado de seguirle, cosa lógica después de los esfuerzos que hizo para quitárselo de encima.

Como Mason era soltero, había rebasado la mediana edad y no tenía tendencia a los amoríos ilícitos, no le causó muchas molestias el hecho de que le siguieran. Pero le irritaba.

Y, además, estaba su embarcación.

—No podemos permitirle que se vaya solo al mar —advirtió el oficial de seguridad—. Podrían raptarlo desde un submarino soviético.

—Sin navegar y sin trabajo —había respondido Mason y, puesto que era el más importante en su especialidad, transigió.

El Gobierno se había acostumbrado ya a los científicos extravagantes. Resultaba irónico que el departamento en que Mason y sus colegas realizaban sus trabajos ultrasecretos se denominase la Fábrica de Platos Voladores.

Al concluir un viernes no más enervante que los otros, el doctor Mason se dirigió al puerto e izó las velas. Se sirvió una comida espartana en su camarote, mientras la embarcación se internaba mar adentro a impulsos de la brisa. En cuanto alcanzó el límite de alcance de los prismáticos que le vigilaban desde tierra, puntual como siempre, el helicóptero despegó y fue avanzando a su encuentro.

Sonriendo, el doctor Mason miró, a través de la ventanilla, el banco de niebla hacia el que se dirigía. Al apagarse el ronquido de los rotores, supo que la niebla le había ocultado una vez mas. Una victoria infantil, pero un hombre necesita algo porque luchar. Encendió la pipa y exhaló unas bocanadas de humo.


youtube.com/Plato volador de los años sesenta del siglo XX (fotograma de la película La Tierra contra los Platillos Volantes).

¡Y ahora esto!

Al principio supuso que se trataba de una boya a la deriva. Era redonda y ligera, pero estaba limpia de crustáceos y otros productos del mar. Excitado, comprendió lo que había encontrado, pero también que eso no existía.

Se sentó en la proa, contemplándola. Nada ocurrió. Al cabo de un rato, la ató con un cable, lo bastante ligero para que se rompiese en caso de un brusco despegue. Hasta un plato volador puede resultar aburrido si el tiempo es húmedo y malo y durante una hora no hay novedad. Vació la pipa y bajó al camarote.

Cuando se despertó, eran las ocho y brillaba el Sol. En el plato se levantó una tapa y un hombre le miró.

—Hola —dijo—. El café está preparado. Suba a bordo.

El doctor Mason se dijo que aquello no podía ocurrir, pero sin embargo, examinó el cable. Estaba un poco gastado, por lo que lo soltó, después de sustituirlo por uno más resistente. Luego pasó al plato. Aquel hombre había dispuesto dos tazones de café y dos platos de tocino con huevos. Poco después, sirvió tostadas.

—¿Leche? —preguntó.

Mason asintió.

—¿Azúcar?

El doctor asintió nuevamente.

Desayunaron en amigable silencio. Luego, el doctor encendió la pipa y el otro un cigarrillo, extrañamente proporcionado.

—¿Bien? —indagó éste.

—Iba a hacerle la misma pregunta.

—¿No puede ser más claro?

—Pongámoslo así —dijo Mason—. Por mis estudios, sé que no es usted terrícola. Su equipo no está fabricado en Norteamérica y su habilidad con el tocino, los huevos y el café desde luego no parece propia de un ruso. Ergo...

—Así nos evitamos explicaciones molestas —comentó el otro satisfecho—. Usted es Kurt Mason, la rueda principal de cierto laboratorio —era una afirmación y no una pregunta—: Trabaja usted en exceso. De no andarse con cuidado, el mejor día va a descubrir algo. Preferimos que no lo consiga.

—¿Es que no pueden dejar en paz a los científicos? —gruñó Mason—. ¿A quién representa usted?

—Fueron los científicos quienes minaron el antiguo concepto de Dios antropomórfico —dijo aquel hombre—. Cuando el Día del Júbilo se anunció en Los Alamos, los teológicamente bien dispuestos se aferraron a los platillos para formular la hipótesis de una raza más vieja, una banda de superhombres bondadosos que les preservarían un segundo antes de que les pulverizasen.

—Vamos...—fue a decir Mason.

—Por tanto, los nuevos ayudantes del dios no tienen alas. Muy poco eficaz, in vacuo.

El doctor Mason se inclinó con ironía.

—La primera vez que conozco a un ángel —dijo—. ¿Tenían razón esos paranoicos acerca de la raza superior?

—¿Paranoicos? Eso no figura en mi vocabulario.

Chiflados —aclaró Mason—. ¿Qué es exactamente lo que desea?

—Se lo voy a explicar. Me anotan cinco deméritos cada vez que alguien estropea un planeta en mi sector. Por tanto, es hora de que usted se tome unas vacaciones.

—¿Puedo elegir?

—No. Mire al espejo.


es.pinterest.com/El doble o yo cuántico, que puede ser activado y conectar con él a través de la intuición. 

Mason se acercó a uno de tamaño natural. De momento, todo estaba borroso, pero, de pronto, su doble salió del vidrio.

—Este le substituirá —explicó el ángel.

—¿Y qué voy yo a hacer?

—Le buscaremos una ocupación.

—Me lo imagino —gruñó Mason. Pensó en el último indio yahi que se pasó media vida haciendo flechas y encendiendo hogueras sin cerillas para los antropólogos—. ¿Es una reproducción perfecta? —indagó.

—Casi. Pero como todas las imágenes reflejadas en un espejo, está al revés. Usted es zurdo, él no. Dudo, sin embargo, que nadie se de cuenta.

Sin avisar, Mason se inclinó sobre la mesa y golpeó al ángel con el pesado tazón de café. El otro se desplomó al instante. El doctor se volvió entonces para enfrentarse con su doble y de nuevo golpeó. Con la misma precisión que la imagen de un espejo, el doble le golpeó a él. Ambos cayeron.

Cuando Mason recobró el sentido, tanto su doble como el ángel intentaban levantarse. Tomó otra vez el tazón y administró un soporífero a cada uno.

Su embarcación seguía atada. Subió a bordo y buscó en los cajones hasta encontrar unas cuerdas. Luego, regresó junto a los otros dos, que continuaban desvanecidos. Los dejó igual que un par de momias. Minutos después, el sloop corría hacia la costa, impulsado por su fuera de borda.

Al cabo de una hora, al doctor Mason le pareció ver una luz que cruzaba el firmamento, pero, puesto que aquel bromista en Nuevo México afirmaba que las luces verdes en el horizonte no eran más que meteoritos, le quedó la duda.

Alcanzó la costa y se internó por la bahía. Toda su aventura, ahora le parecía un sueño.

Aquella tarde dio un largo paseo por los acantilados, advirtiendo un poco molesto que había otro paseante que se mantenía a distancia, pero siguiendo siempre su misma dirección.

El doctor Mason hizo aún algunas contribuciones más al programa del laboratorio pero al fin decidieron que se había quemado. Y le enviaron al primer piso.

Aunque ya no es útil en investigación, ha demostrado ser un administrador competente. Sin embargo, no coordina como antes. Debe ser la edad. A veces, distraído, escribe con la otra mano. El se pregunta si en esto puede influir el incidente del espejo. No sabe a estas alturas si fue un sueño o es que lo leyó en algún sitio.

A bordo del sloop guarda una lata de aceite y cuando está en alta mar, lejos de miradas indiscretas, se quita los brazos y las piernas, para engrasarlos. A él no le resulta raro, pero teme que los de seguridad no opinen lo mismo.

Fuente:  ENCUENTROS CON ALIENIGENAS. Prólogo de Iván T. Sanderson. Recopilado por George W. Early. Traducción de León Ignacio. Ediciones 29, Barcelona/1974


Información:

Todos tenemos un Doble Cuántico - Dr en Física Jean Pierre Garnier Malet/Biodeco.net

El Doble Cuántico...en detalle, por el Dr. Garnier Malet.



Publicado el 24 sept. 2013 por  Jorge Wilcke

3 comentarios :

  1. Este relato me hizo recordar un caso OVNI de la Ufología española, del año 1977, en que un taxista de Madrid llamado Miguel Herrero, fue supuestamente secuestrado por los tripulantes de un platillo volante y, una vez dentro del artefacto, le mostraron a otro tripulante que era su doble, impidiéndole tocarlo por cuestión de seguridad. Para mayor información, véase:
    http://unmundomisterioso.com/ufo/ufo.%20Caso%20de%20Miguel%20Herrero%20Sierra..htm

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    1. Ese caso, dos años después, fue dado por falso, según el Centro de Estudios Interplanetarios (CEI) de Barcelona, España.
      http://www.ignaciodarnaude.com/ufologia/Dobles,1977,M.Herrero-1.pdf

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