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¿Por qué los humanos perdimos el pelo?


por Nicholas Wade


Uno de los cambios evolutivos más distintivos de los humanos respecto a sus parientes los monos es el de la pérdida del pelo corporal. Pero ¿cuándo y por qué perdimos los humanos el vello? ¿cuándo empezamos a vestirnos con ropajes? Ambas cuestiones están más allá del alcance de la arqueología y la paleontología.


maikelnai.naukas.com/Pérdida de pelo corporal, un enigma difícil de explicar. (Foto: Zay-vee-er).

Dos grupos de investigadores independientes que analizan cambios en el ADN, han propuesto soluciones ingeniosas para ambas cuestiones. El resultado, si las dataciones resultan exactas, es algo embarazoso ya que implica que anduvimos desnudos durante más de un millón de años antes de que empezáramos a vestirnos.

El doctor Alan R. Rogers, geneticista evolutivo de la Universidad de Utah, ha llegado a figurarse cuándo se produjo la pérdida del pelo corporal gracias a un método indirecto que depende del gen que determina el color de la piel. El doctor Mark Stoneking del Instituto de Antropología Evolutiva Max Planck en Leipzig, Alemania, cree haber establecido el momento en que los humanos se vistieron por primera vez. Su método también es indirecto, tiene que ver con el estudio de la evolución del piojo corporal humano, que solo infesta las ropas.

Por otro lado, un tercer grupo de investigadores, recuperando una sugerencia de Darwin, ha aportado una nueva explicación al por qué perdieron los humanos su pelo corporal inicialmente.

Los mamíferos necesitan vello corporal para mantenerse calientes, y lo pierden solo por razones evolutivas especiales. Las ballenas y las morsas perdieron el suyo para mejorar su velocidad en el nuevo medio, el mar. Los elefantes y rinocerontes poseen pieles especialmente gruesas y son demasiado grandes como para perder mucho calor en las noches frías. Pero ¿por qué los humanos, los únicos primates calvos, perdieron su pelaje?

eldiariomontanes.es/'Ardi' releva a 'Lucy' como el ancestro común de humanos y grandes simios.

Existe una teoría que sostiene que la línea homínida pasó a través de una fase semi-acuática — lo que explicaría por qué tenemos las manos ligeramente palmeadas —. Una sugerencia más aceptada sostiene que perder nuestro vello corporal ayudó a nuestros lejanos ancestros a mantenerse frescos la primera vez que se aventuraron fuera de la sombra protectora del bosque y cruzaron la tórrida sabana africana. Pero la pérdida del pelo no resulta precisamente una bendición a la hora de regular la temperatura corporal, ya que la piel desnuda absorbe más energía del calor del día y pierde más durante el frescor de la noche.

El doctor Mark Pagel, de la Universidad de Reading en Inglaterra, y el doctor Walter Bodmer del Hospital John Radcliffe en Oxford, propusieron una solución diferente al misterio. Su idea, en caso de ser cierta, va más allá explicando actitudes contemporáneas frente al hirsutismo. Los humanos perdieron su pelo corporal, sostienen, para liberarse a si mismos de los parásitos externos que infestaban su pelaje: piojos chupa-sangre, pulgas y garrapatas…y, por supuesto, las enfermedades que transmitían.

Una vez que la calvicie corporal surgió a través de la selección natural, sugieren Pagel y Bodmer, se vio regulada por la selección sexual, es decir, el desarrollo de rasgos en un sexo que atraían al otro. Entre los recién aparecidos humanos sin pelaje, la piel desnuda podría haber actuado (como la cola del pavo real) como una señal de salud. Los tradicionales dolores a los que se someten las mujeres para librar su cuerpo de pelo — al que cada vez se unen más hombres — podrían no ser una mera cuestión estética después de todo, sino el eco final de un instinto antiquísimo. Esto es lo que los doctores Pagel y Bodmer sostuvieron en un artículo publicado hace unos años en la revista The Proceedings of the Royal Society.

El doctor Pagel comentó que recientemente se había dado cuenta de que los anuncios de ropa para mujeres incluían muy a menudo a una modelo mostrando una buena porción de su espalda desnuda. “Siempre habíamos pensado que mostrar la piel era una característica sexual secundaria, pero tal vez sea más sencillo que eso; se trata simplemente de un escaparate para la piel saludable”, concretó.

El mensaje: “No tengo pulgas, piojos ni garrapatas” podría encontrarse presumiblemente oculto en la mente consciente tanto del emisor como del receptor.

Existen varios rompecabezas que la nueva teoría debe explicar. Uno es el del por qué, si la pérdida de pelo corporal privó a los parásitos de un refugio, la evolución permitió que mantuviéramos nuestro vello púbico. Los doctores Pagel y Bodmer sugieren que estas regiones húmedas, densas en glándulas sudoríparas, sirven como plataformas de lanzamiento para las feromonas, hormonas aéreas conocidas por transportar señales sexuales en otras especies de mamífero, aunque en humanos sigamos sin poder identificarlas.

Otro de los enigmas que permanece es el por qué tienen las mujeres menos vello corporal que los hombres. Aunque ambos sexos prefieren que el otro tenga menos pelo, la presión de la selección sexual en este caso, podría ser mayor en las mujeres, bien sea porque los hombres han poseído más poder de decisión en el pasado o porque tuvieran un mayor interés en los atributos físicos. 

“El uso común de agentes depiladores testifica la continua atracción por la carencia de vello, especialmente en las hembras humanas”, sostienen ambos investigadores.

Fuente:  maikelnai.naukas.com/Ciencia/2009


Información:

Evolución del pelo en el hombre

Porque los humanos perdimos el pelo corporal? 
Por que aun tenemos pelo en algunos lugares de nuestro cuerpo?

Universidad industrial de Santander 
Escuela de geología
Escuela de biologia

Cristhian Camargo Sierra
Camilo Guzmán Plata
Fernando Prada Avellaneda
Sebastián Tarazona Rodriguez

Música
"Cluster One (2011 Remastered Version)", de Pink Floyd (Google Play • iTunes)




Publicado el 16 sept. 2014 por  cristhian Camargo


Nuestro cavernícola interior


por Jenny Moix Queraltó

PSICOLOGIA

A pesar de la evolución, conservamos la esencia de los antepasados de hace millones de años.Traumas, manías o formas de comportarnos tienen sus raíces en nuestro pasado tribal. Relaciones conscientes. Reprogramar actitudes.


elpais.com/Ilustración de João Fazenda.
 

Cuando Lucy murió con 20 años, sus hijos y su familia no celebraron funeral ni le dieron sepultura. No es que no sintieran nada por ella, de hecho Lucy tampoco hubiera practicado ningún tipo de ceremonia funeraria en caso de que alguien de su familia hubiese fallecido.

Y es que Lucy fue una Australopithecus que vivió hace 3,2 millones de años en la sabana africana. Todos los humanos estamos emparentados con ella, o bien somos descendientes directos o bien lo somos de alguno de sus pocos congéneres.

Lucy es Eva. Si la viéramos a través de unos prismáticos que atravesaran los siglos, podríamos percatarnos de que se parecía más a un chimpancé que a un humano. ¿Qué característica crucial posee Lucy que la diferencia de los primates anteriores para que la consideremos el primer escalón hacia el sapiens? Ella y los suyos fueron los primeros que se pusieron de pie. Dejaron libres las dos extremidades que ahora nos permiten sostener el periódico o teclear el ordenador. No lo hicieron por esto, claro: se levantaron para, con sus manos libres, poder recolectar alimentos. Además, tener la cabeza más alta les posibilitaba ver más allá y detectar posibles depredadores.

"A pesar de su gran erudición, el ‘Homo sapiens’ es aún un mono desnudo”. Desmond Morris

Para explicar nuestro bipedismo tenemos que viajar millones de años atrás, y sin embargo no acudimos a ese pasado a la hora de intentar comprender nuestros miedos, nuestras motivaciones, nuestras neuras.

Pensamos en todo ello sin perspectiva, cayendo en argumentos incompletos y ridículos. Sí que tenemos integrado que a veces la explicación de nuestros traumas, nuestras manías o formas de comportarnos se encuentra en la infancia. Y gracias a los conocimientos de genética y epigenética, cada vez somos más conscientes de cómo nos pueden influir nuestros padres, abuelos, bisabuelos…Pues bien, todavía nos quedamos cortos, si quisiéramos ampliar la comprensión de nosotros mismos, deberíamos tirar de un hilo de millones de años y llegar hasta Lucy. 


lucy8795.blogspot.com/Reconstrucción de una posible imagen de Lucy según los restos fósiles encontrados.


El sociólogo, primatólogo y antropólogo Pablo Herreros asevera: “En un estadio de fútbol detectamos patrones de comportamiento cuyo origen hunde sus raíces en nuestro pasado tribal”. Esta afirmación representa sólo la orilla de la idea. Cuando nuestro equipo pierde y nos comportamos como “energúmenos”, la culpa puede ser de nuestro cavernícola interior, pero no sólo en ese momento, sino que nuestra condición de primates siempre está presente. Inclusive cuando estamos ante el ordenador. Somos cromañones informáticos. Si ponemos ojos de zoólogos y analizamos las actuaciones de los sapiens en las redes sociales, podemos encontrar: rituales de galanteo, ataque, caza de alimentación (trabajo), demostraciones de poder, territorialidad…En el fondo del fondo, la esencia es la misma, sólo cambia el traje.

 

Sentimientos y comportamientos


Ese tirar para atrás es un viaje al centro del cerebro. El encéfalo es como los anillos del tronco de un árbol, que va creciendo con los años. La evolución es una especie de apilamiento de estratos. En concreto, de tres. A cada uno de ellos se le considera “un cerebro” porque posee su propia inteligencia, su propio sentido del tiempo y espacio, y su propia memoria.

El más profundo, el que está en el centro, se denomina “cerebro reptiliano”. No piensa, ni tiene emociones, actúa por reflejos y homeostasis. Lo envuelve el cerebro límbico responsable de las emociones. Y en la superficie, el neocórtex, el que nos caracteriza como sapiens, el que se encarga de nuestro pensar. 

Aunque los humanos vamos muy de intelectuales, no sólo empleamos el neocórtex, utilizamos los tres cerebros constantemente. Por debajo de nuestra intelectualidad, está Lucy manejando los controles, y si vamos profundizando nos encontramos otros mamíferos y reptiles al mando.

Desmond Morris, zoólogo y autor de El mono desnudo, inicia su libro concienciándonos de la importancia de bucear más allá de los motivos “racionales” que empleamos para explicarnos: “Hay ciento noventa y tres especies vivientes de simios y monos. Ciento noventa y dos de ellas están cubiertas de pelo. La excepción la constituye un mono desnudo que se ha puesto a sí mismo el nombre de Homo sapiens. Esta rara y floreciente especie pasa una gran parte de su tiempo estudiando sus más altas motivaciones, y una cantidad de tiempo igual ignorando a conciencia las fundamentales”.


centinela66.wordpress.com/Corte transversal de un cerebro humano presentando su estructura evolutiva.


Entramos en una moderna perfumería y compramos una colonia para regalar a nuestro marido. Parece que nuestra cavernícola interior no ha tenido nada que ver con la elección del perfume, pero en realidad sí. Dado que hemos visto en diferentes ocasiones un anuncio de esta marca podríamos deducir, en un análisis superficial, que hemos actuado motivados por el marketing. Y en parte así es, pero resulta que en esa publicidad en concreto el protagonista es un hombre musculoso que sostiene en brazos a un tierno bebé. Los publicistas conocen muy bien a nuestro cromañón particular y se dirigen a él directamente. Los estudios demuestran que una de las imágenes que más nos dilatan las pupilas a las mujeres son las de hombres fornidos abrazando tiernas criaturas. Nos chiflan. La cromañón que fuimos buscaba a hombres capaces de proteger a sus crías y de esta forma asegurar la continuidad de sus genes. Y todavía se nos siguen dilatando las pupilas cuando vemos ejemplares así. En lo más profundo de nuestro inconsciente lo que pretendíamos al comprar el perfume es nuestra continuidad genética.

El cavernícola que llevamos dentro nos puede explicar mucho más de lo que pensamos.

Por ejemplo, solamente recurriendo a él podemos entender los datos de un estudio publicado en la revista The Economic Record que revela que los hombres más altos suelen ganar más dinero que sus compañeros de corta estatura. La altura está relacionada con la fuerza pero no con la inteligencia. La fuerza es una gran cualidad para sobrevivir en la selva, pero no debería serlo en la oficina. Sin embargo, nos queda todavía una inercia evolutiva que nos hace valorar en mayor medida a los más altos.

Entre Lucy y los Beatles existe un vínculo muy especial. Y es que a esta Australopithecus la bautizaron con este nombre porque, al día siguiente de hallar sus restos fósiles, el equipo de investigación estaba escuchando Lucy in the sky with diamonds.

A Lucy no le hubiera gustado esta canción, porque de hecho los Australopithecus no conocían la música. Parece ser que esta afición es nuestra, de los sapiens, aunque sus orígenes más rudimentarios se remontan más allá. En los grupos sociales más simples la aparición de la música representó un papel semejante a los gritos de los chimpancés, o sea, actuaba de sincronizador y excitador colectivo. Eso explica que las discotecas estén tan llenas de primates…humanos.

"Yo creo que existe, y lo siento dentro de mí, un instinto de la verdad o el conocimiento o el descubrimiento”. Charles Darwin

“¡Animal!” es un insulto que se dice cuando alguien comete una “salvajada”. Este adjetivo también podríamos emplearlo cuando queremos ensalzar el comportamiento de los cooperantes. Esas personas que dedican su vida a los demás. El altruismo también es antiguo, primitivo, animal. Algunos cráneos fósiles de homínidos arcaicos muestran que en los últimos años de su vida vivieron sin dientes. Sobrevivieron porque otros les masticaban la comida.

Si clavamos la mirada en esas oscuras pupilas que nos miran desde el espejo, podremos notar cómo ese Australopithecus que llevamos dentro también nos contempla. Posiblemente atónito por el lío emocional que nos caracteriza. Él podría ayudar a desliarnos haciéndonos más comprensibles sentimientos y comportamientos que nos parecen absurdos. Y dándonos pistas de cómo nos podemos sentir más cómodos. Quitarnos o aflojarnos la faja de los convencionalismos sociales seguro que sería uno de sus primeros consejos. Establecer un estrecho víncu­lo con ese ancestro-maestro no es difícil: no se encuentra a millones de años de distancia, sino que lo llevamos dentro. Se comunica con nosotros a través del cuerpo. 

Así que sólo es cuestión de estar atentos a nuestra biología.


Información:

LA GUERRA DE FUEGO 01

Conocida en español como La guerra del fuego o En busca del fuego, es una película francesa de Aventuras de 1981 dirigida por Jean-Jacques Annaud y protagonizada por Everett McGill, Ron Perlman, Nameer El-Kadi y Rae Dawn Chong. 

Está basada en la novela homónima de J. H. Rosny, traducida al castellano como La conquista del fuego.

La historia está ambientada en la prehistoria europea, y trata de la lucha por el control del fuego por los humanos primitivos. El film puede ser considerado de caracter formativo, personal o incluso académico, ya que es clarificador de muchas dudas sobre el tema que trata. Es además considerado un clásico del cine fantástico, debido a sus muchos atributos y una atmósfera cautivadora de principio a fin.

La superproducción, principalmente franco-canadiense, aún hoy da de qué hablar por su impecable puesta en escena y su muy inteligente facturación, con un lenguaje verbal creado por Anthony Burgess y uno corporal diseñado por Desmond Morris.

La calidad del film fue consagrada con varios premios, entre ellos el Premio Oscar 1983 al mejor maquillaje, el Premio César 1982 al mejor director y la mejor película, el Premio BAFTA 1983 al mejor maquillaje, el Premio Saturno 1982 a la mejor película internacional, y 5 premios Genie en 1982.
     


 

Actualizado el 30/11/2011 por
Canal de tucinepe


  Fuente:  elpais.com/elpais/2014