El film pelea por ocho premios Oscar y se estrena el jueves en la Argentina.Alan Turing creó la primera computadora y decodificó los códigos secretos de los nazis. Una película lo recuerda.
“Sólo podemos ver poco del futuro, pero lo suficiente para darnos cuenta
de que hay mucho que hacer”, decía Alan Turing, el matemático británico
que ahora es reivindicado por la película El código enigma, que se
estrena el próximo jueves (5-2-2015) en la Argentina.
wikipedia.org/Alan Turing a los 16 años de edad.
Turing fue el héroe olvidado de la ciencia que decodificó códigos que
usaban los nazis para comunicarse durante la Segunda Guerra Mundial y
fue uno de los inventores de la primera computadora electrónica
programable, que se llamó Colossus.
La película, que ya consiguió 8
nominaciones para los premios Oscar, pone foco en el desempeño de Turing
como “criptoanalista” para ayudar a los Aliados (que incluyó a Gran
Bretaña, Francia, Polonia, entre muchos otros) en contra de Alemania,
Japón e Italia. Y también denuncia la humillación que sufrió el
matemático al ser condenado por gay y obligado a recibir un tratamiento
de castración química en 1952. En esa época, esa orientación sexual era
considerada un delito en su país.
sensacine.com/Cartelera de cine: El código enigma (The imitation game).
"Culpable". Turing se suicidó tras ser condenado "por homosexualidad"
Cuando era joven, Turing sabía que
tenía mucho por hacer, y sus contribuciones fueron aun más grandes que
las que muestra la película (aunque hay algunas escenas que no coinciden
con su historia real). Fue también lógico y filósofo, y es considerado
uno de los padres de la computación.
“Turing fue un genio que aportó
mucho más que el descifrado del código nazi a la humanidad”, sostiene el
matemático argentino Hugo Scolnik, que tiene el título de Gran Maestro
de la Universidad de BuenosAires.
Turing –que nació en 1912 y murió en
1954– había estudiado en el Colegio King, que depende de la Universidad de
Cambridge, y luego obtuvo un doctorado en la Universidad de Princeton,
Estados Unidos, cuando postulaba la hipotética existencia de una “máquina
automática”, en un trabajo que se considera uno de los pioneros de la
computación. En 1939, Turing entró a trabajar en las instalaciones de
Bletchley Park, donde un grupo de profesionales trabajaban para
descifrar los códigos de los nazis que usaban en máquinas que llamaban
“Enigma” y servían para mantener radiocomunicaciones militares y
diplomáticas antes y durante la Guerra. Era el método más avanzado de
criptografía para la época.
“Al basarse en trabajos de científicos
polacos, Turing diseñó una máquina electromecánica que llevó el nombre
de “Victory” y consiguió descifrar el código y ayudar al sector de
inteligencia militar para ganar la guerra”, resaltó Scolnik, que cuenta
los detalles de la historia en su libro Qué es la seguridad informática
(Paidós).
Turing contribuyó también con otra máquina que revolucionó a
la humanidad; sus trabajos teóricos sirvieron para desarrollar la
primera computadora electrónica programable, que llevó el nombre de
Colossus, y que se usó para descifrar los códigos de la máquina Lorenz,
que utilizaba Hitler y su Alto Mando.
“El desarrollo de las máquinas
Colossus –la mayoría fueron destruidas– se mantuvo en secreto hasta
1974 por razones militares. Por eso, la historia oficial cuenta que la
primera computadora se hizo en los Estados Unidos en 1946”, acotó
Scolnik.
Después de la guerra, Turing colaboró con el desarrollo de
computadoras científicas que se fabricaron después, como la Clementina,
que fue traída a la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA en la
Argentina en 1960. Dio impulso a la biología matemática, y creó lo que
más tarde se llamó “inteligencia artificial”.
Fue un científico
excepcional.
Fuente: clarin.com/sociedad/2015
Información:
CODIGO ENIGMA TRAILER
"The imitation Game". Una película sobre Alan Turing con Benedict Cumberbatch.
Se reinaugura el Museo Blethcley Park, donde trabajó Alan Turing en la guerra. Se convirtió en una factoría de romper códigos de comunicación entre 1939 y 1945. Allí se conservan las primeras 'máquinas de computar'.Además: Turing, 60 años de códigos rotos.
elmundo.es/Fachada principal de la mansión de Blethcley Park
El lugar más secreto de la Inglaterra de 1939 sigue siendo discreto.
Apenas un par de carteles en las rotondas cercanas ponen al visitante
sobre la pista: "Bienvenidos a la tierra de los 'rompecódigos'". Advertencia de que uno se acerca a algo así como la cuna de los 'hackers'.
A las afueras de la localidad de Milton Keynes, a 80 kilómetros de
Londres, renace Bletchley Park. Rescatada del olvido y la voracidad
inmobiliaria, la mansión que preside el recinto se reivindica como el
lugar donde se ganó la batalla del espionaje contra los nazis.
El gobierno encargó en 1939 la compra del caserón victoriano y su
finca. Durante el verano, se ejecutó la silenciosa transformación en
instalación militar. Una gigantesca secuoya sirvió para camuflar las
antenas destinadas a recibir los mensajes en clave del enemigo,
interceptados a cientos de kilómetros. Reinaugurado este año, el recinto es ahora un museo sostenido por una
fundación privada que acaba de terminar las labores de rehabilitación.
La finca y sus construcciones, semiabandonadas, se salvaron por poco de
la demolición en los años noventa, cuando casi nadie conocía su
historia, calificada de 'alto secreto'.
audienciaelectronica.net/Alan Turing
Ahora se ha convertido en meca de peregrinación de admiradores de la figura del criptoanalista Alan Turing. El matemático fue el gran fichaje aliado en el equipo que aceleró el final de la Segunda Guerra Mundial.
"Cuando el estallido era inminente, la Escuela de Códigos y Cifrados se armó con físicos y matemáticos. Entre ellos, crucigramistas y ajedrecistas muy reconocidos", recuerda la investigadora Ágata Timón, autora, junto a Manuel de León, del libro 'Rompiendo Códigos' (Catarata/CSIC).
"En algunos casos, su entrada en Bletchley Park supuso todo un choque
cultural", señala Sinclair McKay, investigador británico que ha recabado
decenas de testimonios de veteranos. Es autor, entre otros libros, de
'The Lost World of Bletchley Park' (Aurum). "En el pueblo no había nada más que una fábrica de ladrillos, que desprendía un olor fétido, y el ferrocarril", recuerda McKay en conversación con EL MUNDO.
Los lugareños se extrañaron ante la llegada de gente tan peculiar.
Hubo rumores de todo tipo. Se llegó a decir que era un centro
psiquiátrico; pero la gente, en guerra, prefería no hacer preguntas. Hoy los 180.000 habitantes del entorno son testigos del incipiente
turismo criptográfico que salpica el recinto de adolescentes y veteranos
de guerra a partes iguales.
La mayor colección de 'Enigmas'
La mansión, en la parte más alta, rezuma densidad decimonónica. Gruesas cortinas y maderas al uso victoriano. Puro contraste con la tecnología punta que desfiló por las inmediaciones en forma de máquina Enigma. Esas cajas de cifrado germanas están preservadas por el museo, en la mayor colección de 'enigmas' del mundo.
"Es similar a una máquina de escribir con un teclado luminoso",
expone Tom Brigg, experto del museo. "Era rápida y portátil. Cada vez
que se pulsa una letra, en un panel luminoso se enciende otra letra.
Así, por cada letra del mensaje original, tenemos otra con la que se
corresponde en clave".
Hitler vendió a Franco máquinas Enigma para la Guerra Civil española
La fortaleza de la Enigma reside en que la correspondencia entre las
letras originales y las cifradas no es siempre la misma. Un sistema de
rotores (ruedas dentadas giratorias) hace que varíe esa correspondencia
a cada pulsación que se hace en la máquina.
Antes incluso del estallido de la contienda, los alemanes estaban
seguros de la inviolabilidad de sus cifrados. Pudieron comprobarlo vendiéndole a Franco una serie de 'enigmas'. Una de ellas reposa en una vitrina de Bletchley Park junto a una breve explicación de la Guerra Civil española.
Mario Viciosa/Máquina Enigma de Franco
La caseta que libró la batalla naval
Una taza para el té cuelga encadenada de un viejo radiador de la
caseta número 8 del recinto. Es el icono que retrata al Alan Turing
solitario y obstinado que creó la base para hacer saltar por los aires
la fortaleza de las comunicaciones navales.
Una quincena de barracones distribuía las labores. "Quien trabajaba
en la caseta 4, al sur, podía no saber lo que estaba haciendo la caseta
1", recuerda McKay. El trabajo se organizó en casetas independientes. Turing trabajó en la número 8.
Hacia el final de la guerra, Bletchley Park era la mayor factoría de
secretos jamás construida. Se edificaron varios bloques que
terminarían albergando toda clase de artefactos criptográficos. Actualmente, el proyecto museístico respeta la sobriedad original de
las casetas. Mantiene utensilios restaurados y recrea escenas en cada
despacho, a través de proyecciones sobre las paredes, interpretadas por
actores.
William Selman/Caseta nº 8 donde trabajó Turing
Ordenadores y poesía binaria
Parte del recinto alberga el Museo de la Computación. Alan Turing se valió de un autómata capaz de realizar tareas a gran velocidad para combinar el amasijo de letras enemigas que interceptaban cada día. Una Enigma inversa. La llamada 'bomba Turing' era una versión mejorada de un invento
polaco, que bien podría deber su nombre al martilleo que recorre el
pabellón cada vez que se activa.
El museo realiza demostraciones de este monstruo del tamaño de un
armario con una réplica. Todo fue destruido al terminar la guerra.
Donaciones particulares de planos y dinero, en parte de Google,
permitieron su resurrección.
En otro de los bloques, se guarda un 'Colossus'.
Concebido en 1943, se considera por algunos el primer ordenador
programable. Como en el caso anterior, se trata de una recreación. Su
parecido con un PC no es ni remoto. Haciendo honor a su nombre,
necesitaba una habitación entera para su operativa normal. Su sonido
equivale al de varias lavadoras. Aunque se usó para descifrar los mensajes de máquinas Lorenz, se le
podían pedir distintas cosas. "Se cuenta que Turing, que deseaba ser
amado, programaba la máquina Colossus para que escribiera poemas de amor", recuerda Javier Taravilla, investigador en Filosofía de la Tecnología.
Una ciudad de mujeres superdotadas
La Royal Navy creó una unidad femenina de élite para trabajar en Bletchley. Cerca de 10.000 personas pasaron por esta pequeña ciudad. La mayoría, mujeres. El paisaje de sauces llorones y estanques del exterior en nada se
parecía al frenesí de cifras y letras del interior: Turnos rotatorios
día y noche. Trabajos mecánicos. Y mucho ruido proveniente de amasijos
de válvulas y circuitería. "Afortunadamente, la mayoría de las personas contratadas eran
jóvenes, con apenas 19 o 20 años", señala McKay. "A esa edad ese ritmo
era más llevadero".
Bletchley Park Trust/Computador Colossus
Mientras la propaganda de guerra vendía los riesgos de ser seducido
por una espía, la 'Royal Navy' tenía una sección de reclutamiento
femenino de élite. Las que fueron a Bletchley "habían pasado varios test
de aptitud e inteligencia. Parecía un lugar pionero en la igualdad, pero se les pagaba menos", según ha podido saber McKay.
Lingüistas, traductoras, taquígrafas, operarias de teletipos...Su
gran problema "llegó después de la guerra". Muchas se vieron obligadas a "volver a roles tradicionales dentro del hogar", a ser esposas y madres. Pero ellas se veían como las mujeres que acabaron con Hitler.
Labios sellados
Una visita pausada al actual Bletchley Park puede llevar más de una
mañana, sin contar el tiempo dedicado a los eventos específicos que
programa su patronato. Sorprende que un lugar tan grande y que implicó a
tanta gente se mantuviese en secreto tres décadas después de echar el
cierre. Sobre todo, teniendo en cuenta que fue "un hervidero cultural y
deportivo" en paralelo, que forjó amistades y amoríos, recuerda McKay.
Según Timón, "todavía se siguen desclasificando documentos sobre las investigaciones de Turing y lo que pasó en Bletchley". Quizás es la prueba de que no hay mejor máquina de cifrado que unos
buenos labios sellados. Aunque, en este caso, Bletchley Park, como
Turing, estuviera a punto de ser víctima de su propio secreto.
Fuente: elmundo.es/ciencia/2014
Información:
Maquinas Enigma
En 1936, Hitler le vendió a Franco un lote de máquinas Enigma.
Se trata de la primera vez que un programa informático logra superar
la prueba diseñada por Alan Turing en 1950 para que las máquinas
demuestren inteligencia. El anuncio suscita una agria polémica entre
investigadores y expertos en inteligencia artificial.
abc/Alan Turing, matemático británico precursor de la informática
Su nombre es Eugene Goostman, y ha logrado convencer a un
tercio del jurado que le examinaba de que es un joven adolescente
ucraniano de 13 años de edad. Responde a cualquier pregunta con una naturalidad pasmosa y hace alarde de un excelente sentido del humor. Sin embargo, y pese a las apariencias, Goostman
no es humano, sino un programa informático. Uno que ha conseguido
engañar al 33 por ciento de los jueces que le sometieron a prueba
durante un test organizado el sábado pasado por la Royal Society de Londres.
De hecho, y según los organizadores de la prueba, se trata de la
primera "inteligencia artificial" que logra pasar el famoso test de
Turing.
Eugene Goostman fue programado en 2001 por un grupo de
investigadores rusos y desde entonces ha ido perfeccionando sus
habilidades hasta conseguir engañar a más del 30 por ciento de los
humanos que le interrogaban durante una conversación escrita de cinco
minutos de duración. Y ese es, precisamente, el desafío propuesto a mediados del siglo pasado por Alan Turing
en su histórico artículo "Computing Machinery and Intelligence". Si una
máquina lograba alguna vez superar el reto, significaría que era capaz
de pensar. "Siento que he superado el test de Turing de forma
sencilla. Nada original", aseguró el propio Goostman tras preguntarle
cómo se sentía después de haber superado el reto.
Mashable/Eugene Goostman
"Nuestra primera idea -asegura Vladimir Veselov,
uno de los programadores de Eugene Goostman- es que él pudiera
decir
que lo sabía todo, pero su edad hace que el hecho de no saberlo todo sea
algo perfectamente razonable. Nos llevó un montón de tiempo desarrollar
un personaje con una personalidad que fuera creíble". Por supuesto, el
éxito de la prueba no ha tardado en suscitar controversias. Algunos
expertos han tachado de "exagerado" el anuncio de los organizadores del evento,
alegando que los programadores "utilizaron el sentido del humor" y la
edad del personaje para que Eugene pudiera confundir a sus examinadores y
ocultar sus tendencias no humanas. Con todo, Eugene Goostman ha logrado convencer a muchos de
que nació en Odessa (Ucrania), hace 13 años, de que su padre es
ginecólogo y de que tiene a una cobaya por mascota. A lo largo de su
existencia, Goostman ha sido sometido al test de Turing en varias ocasiones.
Ya estuvo cerca de superarlo en 2001, 2005 y 2008. Y en 2012 logró
convencer de su "humanidad" al 29 por ciento de los jueces que le
examinaron durante una competición, que ganó contra otros cinco
competidores artificiales. Pero no fue hasta el pasado sábado, 7 de junio, cuando logró por fin superar el reto. Una fecha que, por cierto, coincide con el sesenta aniversario de la muerte de Alan Turing.
En la prueba participaron cinco "bots" y 30 jueces,
cada uno de los cuales tomó parte en cinco conversaciones simultáneas
de texto, cada una de ellas entre uno de los cinco ordenadores
participantes y un ser humano real. Al final de la prueba, el 33 por
ciento de los examinadores (un 3 por ciento más de lo estipulado por
Turing) acabó convencido de que Eugene Goostman era realmente un
adolescente de 13 años.
Muchos, sin embargo, niegan el valor de esta prueba.
Y es que el hecho de que una máquina consiga engañar a un humano sólo
prueba que esa máquina es capaz de imitar la inteligencia, y no que en
realidad la posea. Otros consideran que el anuncio es "simplemente ridículo", ya que los programadores de Eugene trampearon el test de Turing
al asignar a su programa una edad concreta y "disfrazar" sus respuestas
con una capa de humor que terminó por confundir a los examinadores.
Trucos, pues, y no auténtica inteligencia. Un hito que, según algunos
expertos, no servirá más que para crear personajes de videojuegos más
realistas...
Fuente: abc.es/ciencia/2014
Información:
Eugene Goostman is Your Average 13-Year-Old Artificial Intelligence
Eugene Goostman is a computer loaded
with artificial intelligence and the wise-cracking awkwardness of a 13
year old. He recently won a competition designed to trick users into
thinking he's a real human.
Talking to Eugene Goostman, a chat-bot who survived the Turing test!
Talk to Eugene at: http://default-environment-sdqm3mrmp4... I emailed him, and I got a 'not valid address' response. Ouch. Follow me on: -plus.google.com/+averymillerofficial -www.twitter.com/justagooglefan { {all clips belong to their respective owners} } This
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