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Murió Saturno, el cocodrilo de Hitler


por ventilador

Tenía 84 años y una vida agitada. Saturno, el cocodrilo que sobrevivió a los bombardeos aliados sobre Berlín durante la Segunda Guerra Mundial, y que algunos sospechan que pertenecía a la colección privada de animales del dictador alemán Adolf Hitler, murió el viernes 22-5-2020 en su lugar de residencia, el parque zoológico de Moscú, en Rusia.


youtube.com/Saturno, el cocodrilo de Hitler/Captura de vídeo.

Saturno era, en rigor, un caimán del Mississipi (Alligator mississippiensis), nacido en Estados Unidos en 1936. De muy pequeño llegó al zoológico de Berlín, donde vivió en un reducto especial que compartía con los demás de su especie hasta que el estallido de la Segunda Guerra Mundial cambiaría su tranquila vida.

Sucede que los bombardeos de los aliados sobre la capital alemana de la Alemania Nazi destruirían casi por completo el zoológico en el que habitaba. Especialmente, el ataque de la RAF británica del 23 de noviembre de 1943 -el segundo gran bombardeo sobre Berlín- destruiría casi la totalidad del acuario que habitaba Saturno. Sin embargo, milagrosamente el caimán del Mississippi pudo salir sano y salvo de entre los escombros. Para tener una idea del daño causado sobre el zoológico berlinés, el dato que aporta el medio alemán Der Taggespieggel es que en dicho parque residían 16.000 animales, de los cuales sobrevivieron apenas 96. De la totalidad de caimanes o animales de la familia del cocodrilo, murieron entre 20 y 30 ejemplares. Pero no fue el caso de Saturno.

Saturno viaja a Rusia

Nadie sabe cómo sobrevivió, de qué se alimentó o qué hizo durante los siguientes tres años, pero el asunto es que el animal fue encontrado por soldados británicos en 1946 mientras caminaba por zona de la ciudad que le había tocado a cargo a los ingleses. De inmediato, el enorme reptil de 200 kilos y 3,5 metros de longitud fue entregado a los soviéticos y trasladado al zoológico de Moscú.

En la capital rusa, Saturno vivió hasta el final de su vida, aunque no sin ciertos sobresaltos. En 1950 hubo un incendio en el zoológico, pero no afectó su área y años más tarde sí estuvo cerca de tener un accidente fatal cuando una pared de hormigón cayó cerca de él. Afortunadamente, estaba en otra parte de su refugio apenas unos minutos antes a la caída.

Incluso otra de las leyendas sobre este animal cuenta que en el año 1993, cuando el líder ruso Boris Yeltsin sacó a la calle los tanques por una conmemoración, Saturno sintió las vibraciones de los vehículos bélicos cerca del zoológico y lloró. Sus cuidadores de entonces dijeron que podría haber sido consecuencia de sus recuerdos de la guerra, o bien, una simple reacción ante el miedo a esos temblores de la tierra que podían significar peligro.

El mito acerca de hablar de Saturno como "el cocodrilo de Hitler" tiene que ver con que siempre se sospechó que el animal pudo haber pertenecido al líder nazi. Algunos hablaban de él en aquel entonces como "la mascota de Hitler", ya que se rumoreaba que el animal había estado en una colección privada del dictador y no en el zoo de Berlín; pero es algo que nunca pudo probarse hasta el día de hoy. El sábado 23, en la cuenta de Twitter del zoológico moscovita se anunció la aciaga noticia de la muerte del animal. "El zoológico de Moscú tuvo el honor de mantener a Saturno por 74 años. Él vio a mucho de nosotros desde que éramos niños. Esperamos no haberlo decepcionado.", decía el mensaje.

El cuerpo de Saturno será exhibido -luego del tratamiento taxonómico correspondiente-, en el popular museo de ciencias naturales moscovita llamado Charles Darwin.


Información:

Murió Saturno el cocodrilo de Hitler a los 84 años en Rusia

Murió Saturno el cocodrilo de Hitler a los 84 años en Rusia


Publicado el 24 may. 2020 por  ventilador

Fuente:  youtube.com/watch?v=08pCERSaZT4/2020

La Naturaleza es sabia


por Martín Bonfil Olivera


La sabia naturaleza. Es común oír hablar de “la sabiduría de la naturaleza”... Se habla, incluso, de la “madre” naturaleza, a quien se presenta como una especie de deidad o ser superior que supo resolver ciertos problemas de manera especialmente acertada cuando diseñó a los seres vivos, y que de algún modo vela por su bienestar.

La madre naturaleza, con su gran sabiduría (algún caricaturista ingenioso la presentaba como una joven ataviada con un tocado de estilo brasileño, cubierto de plátanos, piñas y uvas), es un personaje favorito de los optimistas que confían en que, ante alguna catástrofe ambiental o ecológica, las cosas tomarán (naturalmente) su curso. Cosa que, hoy sabemos, no necesariamente es cierta.


elnuevodespertar.wordpress.com/Según Pernilla Hagberg, líder del Partido Verde de Suecia, las fumigaciones son un esfuerzo conjunto de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de EE.UU. así como el gobierno sueco en su propio país, para modificar las condiciones atmosféricas mediante esfuerzos deliberados de pulverización de aerosoles. Además se incluye en esta “peligrosa” mezcla de aerosoles diversos componentes químicos, virus y fragmentos virales y metales como el aluminio y el bario, que ya se ha demostrado que se acumulan en los suministros de agua y los suelos de todo el mundo. 


Entre los ejemplos más comúnmente mencionados de esta “sabiduría natural” encontramos las sorprendentes adaptaciones de los seres vivos frente a su entorno, nuestros extremadamente sensibles órganos de los sentidos (ojos, oídos, piel...), o los numerosos mecanismos que permiten a los organismos ocultarse de sus depredadores (mimetismo de color en los camaleones, mariposas que semejan hojas secas, moscas que fingen ser avispas venenosas...). Los ejemplos podrían multiplicarse ad nauseam.

William Paley, un clérigo inglés que vivió en el siglo XIX, expresó el asombro que nos causa la perfección de las adaptaciones biológicas postulando el “argumento del diseño”: si caminando por el campo nos encontramos una roca, no tenemos que postular una causa inteligente para su existencia. Pero si, en cambio, nos encontramos un reloj perfectamente bien construido y funcionando, no nos queda más remedio que suponer que hubo un relojero, inteligente y con un propósito en mente, que es el responsable de que exista el reloj.

Cuando decimos que “la naturaleza es sabia”, estamos implicando que hay algún tipo de inteligencia y un proyecto detrás de lo que existe en el mundo natural. Y sin embargo, hay otras posibilidades, como nos mostraron Charles Darwin y Alfred Russell Wallace en la segunda mitad del siglo XIX.

La alternativa que postularon es una de las ideas más sorprendentes de la Ciencia: la selección natural. Gracias a este mecanismo (con todo lo que la palabra “mecanismo” implica: ceguera, falta de inteligencia y de proyecto), hoy sabemos que es posible que, a partir de una gran diversidad y variación heredable, surjan en la naturaleza sistemas de una gran complejidad y adaptación sin necesidad de que haya una inteligencia que los diseñe conscientemente.

En resumen, podemos decir que no es que la naturaleza sea muy sabia: lo que pasa es que el mecanismo ciego de la selección natural funciona muy, pero muy bien.

Fuente:  comoves.unam.mx/numeros/71/ojodemosca/2017


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LA NATURALEZA NO NECESITA DE LOS SERES HUMANOS

LA NATURALEZA NO NECESITA DE LOS SERES HUMANOS




Publicado el 6 oct. 2015 por  Jorge Fernandez


Nuestro cavernícola interior


por Jenny Moix Queraltó

PSICOLOGIA

A pesar de la evolución, conservamos la esencia de los antepasados de hace millones de años.Traumas, manías o formas de comportarnos tienen sus raíces en nuestro pasado tribal. Relaciones conscientes. Reprogramar actitudes.


elpais.com/Ilustración de João Fazenda.
 

Cuando Lucy murió con 20 años, sus hijos y su familia no celebraron funeral ni le dieron sepultura. No es que no sintieran nada por ella, de hecho Lucy tampoco hubiera practicado ningún tipo de ceremonia funeraria en caso de que alguien de su familia hubiese fallecido.

Y es que Lucy fue una Australopithecus que vivió hace 3,2 millones de años en la sabana africana. Todos los humanos estamos emparentados con ella, o bien somos descendientes directos o bien lo somos de alguno de sus pocos congéneres.

Lucy es Eva. Si la viéramos a través de unos prismáticos que atravesaran los siglos, podríamos percatarnos de que se parecía más a un chimpancé que a un humano. ¿Qué característica crucial posee Lucy que la diferencia de los primates anteriores para que la consideremos el primer escalón hacia el sapiens? Ella y los suyos fueron los primeros que se pusieron de pie. Dejaron libres las dos extremidades que ahora nos permiten sostener el periódico o teclear el ordenador. No lo hicieron por esto, claro: se levantaron para, con sus manos libres, poder recolectar alimentos. Además, tener la cabeza más alta les posibilitaba ver más allá y detectar posibles depredadores.

"A pesar de su gran erudición, el ‘Homo sapiens’ es aún un mono desnudo”. Desmond Morris

Para explicar nuestro bipedismo tenemos que viajar millones de años atrás, y sin embargo no acudimos a ese pasado a la hora de intentar comprender nuestros miedos, nuestras motivaciones, nuestras neuras.

Pensamos en todo ello sin perspectiva, cayendo en argumentos incompletos y ridículos. Sí que tenemos integrado que a veces la explicación de nuestros traumas, nuestras manías o formas de comportarnos se encuentra en la infancia. Y gracias a los conocimientos de genética y epigenética, cada vez somos más conscientes de cómo nos pueden influir nuestros padres, abuelos, bisabuelos…Pues bien, todavía nos quedamos cortos, si quisiéramos ampliar la comprensión de nosotros mismos, deberíamos tirar de un hilo de millones de años y llegar hasta Lucy


lucy8795.blogspot.com/Reconstrucción de una posible imagen de Lucy según los restos fósiles encontrados.


El sociólogo, primatólogo y antropólogo Pablo Herreros asevera: “En un estadio de fútbol detectamos patrones de comportamiento cuyo origen hunde sus raíces en nuestro pasado tribal”. Esta afirmación representa sólo la orilla de la idea. Cuando nuestro equipo pierde y nos comportamos como “energúmenos”, la culpa puede ser de nuestro cavernícola interior, pero no sólo en ese momento, sino que nuestra condición de primates siempre está presente. Inclusive cuando estamos ante el ordenador. Somos cromañones informáticos. Si ponemos ojos de zoólogos y analizamos las actuaciones de los sapiens en las redes sociales, podemos encontrar: rituales de galanteo, ataque, caza de alimentación (trabajo), demostraciones de poder, territorialidad…En el fondo del fondo, la esencia es la misma, sólo cambia el traje.

 

Sentimientos y comportamientos


Ese tirar para atrás es un viaje al centro del cerebro. El encéfalo es como los anillos del tronco de un árbol, que va creciendo con los años. La evolución es una especie de apilamiento de estratos. En concreto, de tres. A cada uno de ellos se le considera “un cerebro” porque posee su propia inteligencia, su propio sentido del tiempo y espacio, y su propia memoria.

El más profundo, el que está en el centro, se denomina “cerebro reptiliano”. No piensa, ni tiene emociones, actúa por reflejos y homeostasis. Lo envuelve el cerebro límbico responsable de las emociones. Y en la superficie, el neocórtex, el que nos caracteriza como sapiens, el que se encarga de nuestro pensar. 

Aunque los humanos vamos muy de intelectuales, no sólo empleamos el neocórtex, utilizamos los tres cerebros constantemente. Por debajo de nuestra intelectualidad, está Lucy manejando los controles, y si vamos profundizando nos encontramos otros mamíferos y reptiles al mando.

Desmond Morris, zoólogo y autor de El mono desnudo, inicia su libro concienciándonos de la importancia de bucear más allá de los motivos “racionales” que empleamos para explicarnos: “Hay ciento noventa y tres especies vivientes de simios y monos. Ciento noventa y dos de ellas están cubiertas de pelo. La excepción la constituye un mono desnudo que se ha puesto a sí mismo el nombre de Homo sapiens. Esta rara y floreciente especie pasa una gran parte de su tiempo estudiando sus más altas motivaciones, y una cantidad de tiempo igual ignorando a conciencia las fundamentales”.


centinela66.wordpress.com/Corte transversal de un cerebro humano presentando su estructura evolutiva.


Entramos en una moderna perfumería y compramos una colonia para regalar a nuestro marido. Parece que nuestra cavernícola interior no ha tenido nada que ver con la elección del perfume, pero en realidad sí. Dado que hemos visto en diferentes ocasiones un anuncio de esta marca podríamos deducir, en un análisis superficial, que hemos actuado motivados por el marketing. Y en parte así es, pero resulta que en esa publicidad en concreto el protagonista es un hombre musculoso que sostiene en brazos a un tierno bebé. Los publicistas conocen muy bien a nuestro cromañón particular y se dirigen a él directamente. Los estudios demuestran que una de las imágenes que más nos dilatan las pupilas a las mujeres son las de hombres fornidos abrazando tiernas criaturas. Nos chiflan. La cromañón que fuimos buscaba a hombres capaces de proteger a sus crías y de esta forma asegurar la continuidad de sus genes. Y todavía se nos siguen dilatando las pupilas cuando vemos ejemplares así. En lo más profundo de nuestro inconsciente lo que pretendíamos al comprar el perfume es nuestra continuidad genética.

El cavernícola que llevamos dentro nos puede explicar mucho más de lo que pensamos.

Por ejemplo, solamente recurriendo a él podemos entender los datos de un estudio publicado en la revista The Economic Record que revela que los hombres más altos suelen ganar más dinero que sus compañeros de corta estatura. La altura está relacionada con la fuerza pero no con la inteligencia. La fuerza es una gran cualidad para sobrevivir en la selva, pero no debería serlo en la oficina. Sin embargo, nos queda todavía una inercia evolutiva que nos hace valorar en mayor medida a los más altos.

Entre Lucy y los Beatles existe un vínculo muy especial. Y es que a esta Australopithecus la bautizaron con este nombre porque, al día siguiente de hallar sus restos fósiles, el equipo de investigación estaba escuchando Lucy in the sky with diamonds.

A Lucy no le hubiera gustado esta canción, porque de hecho los Australopithecus no conocían la música. Parece ser que esta afición es nuestra, de los sapiens, aunque sus orígenes más rudimentarios se remontan más allá. En los grupos sociales más simples la aparición de la música representó un papel semejante a los gritos de los chimpancés, o sea, actuaba de sincronizador y excitador colectivo. Eso explica que las discotecas estén tan llenas de primates…humanos.

"Yo creo que existe, y lo siento dentro de mí, un instinto de la verdad o el conocimiento o el descubrimiento”. Charles Darwin

“¡Animal!” es un insulto que se dice cuando alguien comete una “salvajada”. Este adjetivo también podríamos emplearlo cuando queremos ensalzar el comportamiento de los cooperantes. Esas personas que dedican su vida a los demás. El altruismo también es antiguo, primitivo, animal. Algunos cráneos fósiles de homínidos arcaicos muestran que en los últimos años de su vida vivieron sin dientes. Sobrevivieron porque otros les masticaban la comida.

Si clavamos la mirada en esas oscuras pupilas que nos miran desde el espejo, podremos notar cómo ese Australopithecus que llevamos dentro también nos contempla. Posiblemente atónito por el lío emocional que nos caracteriza. Él podría ayudar a desliarnos haciéndonos más comprensibles sentimientos y comportamientos que nos parecen absurdos. Y dándonos pistas de cómo nos podemos sentir más cómodos. Quitarnos o aflojarnos la faja de los convencionalismos sociales seguro que sería uno de sus primeros consejos. Establecer un estrecho víncu­lo con ese ancestro-maestro no es difícil: no se encuentra a millones de años de distancia, sino que lo llevamos dentro. Se comunica con nosotros a través del cuerpo. 

Así que sólo es cuestión de estar atentos a nuestra biología.


Información:

LA GUERRA DE FUEGO 01

Conocida en español como La guerra del fuego o En busca del fuego, es una película francesa de Aventuras de 1981 dirigida por Jean-Jacques Annaud y protagonizada por Everett McGill, Ron Perlman, Nameer El-Kadi y Rae Dawn Chong. 

Está basada en la novela homónima de J. H. Rosny, traducida al castellano como La conquista del fuego.

La historia está ambientada en la prehistoria europea, y trata de la lucha por el control del fuego por los humanos primitivos. El film puede ser considerado de caracter formativo, personal o incluso académico, ya que es clarificador de muchas dudas sobre el tema que trata. Es además considerado un clásico del cine fantástico, debido a sus muchos atributos y una atmósfera cautivadora de principio a fin.

La superproducción, principalmente franco-canadiense, aún hoy da de qué hablar por su impecable puesta en escena y su muy inteligente facturación, con un lenguaje verbal creado por Anthony Burgess y uno corporal diseñado por Desmond Morris.

La calidad del film fue consagrada con varios premios, entre ellos el Premio Oscar 1983 al mejor maquillaje, el Premio César 1982 al mejor director y la mejor película, el Premio BAFTA 1983 al mejor maquillaje, el Premio Saturno 1982 a la mejor película internacional, y 5 premios Genie en 1982.
     


 

Actualizado el 30/11/2011 por
Canal de tucinepe


  Fuente:  elpais.com/elpais/2014