Todo discurría con normalidad, era la típica madrugada de cualquier invierno, pero a medida que hacía su ruta, Julio F. se dio cuenta de que algo no parecía ir bien; era una carretera bastante transitada regularmente y no se había cruzado con ningún vehículo desde hacía bastante tiempo. Aquello era realmente extraño, aunque Julio no quiso darle mayor importancia y siguió su camino de Ávila.
Llegó a aquel lugar, un hostal muy famoso en aquellos años y que era
parada de cazadores y camioneros regularmente. Se sorprendió de que allí no hubiera nadie a esas horas, cuando era un sitio bastante concurrido y extrañado se sentó a tomarse un café y una copa de licor, como era su costumbre. Lo que
Julio F. comprobó después es que durante el tiempo que estuvo en aquel hostal no entró ni salió una sola persona de la cafetería...ni una sola persona. Asimismo observó curioso al camarero, un hombre que ciertamente era
“algo extraño”, un tipo de gran altura (mas de 2 metros), de ojos muy grandes y piel muy blanquecina, que portaba unos raros guantes amarillos de plástico, para nada usuales en un camarero, y que se movía con cierta torpeza; además,
Julio apreció una especie de peluca rubia rizada o ensortijada, algo que a él le pareció a todas luces como de una especie de
disfraz. Y de todo ello, lo que mas recordó con el paso del tiempo, fue que este desprendía
un fuerte olor a pino o algo parecido, que lo hacía muy desagradable. Era una persona muy rara ciertamente. Para sorpresa de este, el camarero, a la vista de su atuendo de caza, le dio unas indicaciones, diciéndole donde podía ir a cazar mejor. Le contó que pasado el pueblecito de
Medinaceli, en una carreterita rural junto a un camino, podría ir a cazar. Así
Julio, algo confundido, salió del hostal rumbo a su
”nuevo destino” sin saber aún por qué. Subió a su viejo
Seat 124 junto a su perro y entonces observó como una especie de
luz o luminaria en el cielo, que se situó desplazándose sobre ellos.
Julio, sin una explicación lógica, la siguió. La luz se situó a una gran altura y se movía a una velocidad constante.
[
Julio, hasta tiempo después en las regresiones hipnóticas, no recordaría nada de estos hechos y de los posteriores acaecidos.]
La madrugada empezaba a caer y las brumas de la noche fueron cediendo poco a poco.
La luz que se situaba sobre el automóvil de repente hizo un giro brusco y se precipitó sobre este, momento en que el vehículo parecía como retroceder y, poco a poco, fue parándose hasta quedarse totalmente quieto en medio de aquella carretera de la nada. Seguidamente se bajó del auto, miró el motor, revisó el carburador...nada, todo estaba correcto; no sabía qué le pasaba al automóvil. De pronto su
perro empezó a alertarse y ladrar muy alterado.
[La historia recordada por
Julio en regresiones y sus lapsus de memoria hasta mucho más tarde no tendrían una coherencia lógica, y solo en aquellos momentos eran pedazos de una secuencia inconexa y llena de lagunas que a sus ojos parecía normal; por eso, al lector le parecerá que al leer estas lineas la reacción de
Julio F., al ver aquella
luz en los cielos, no fue la más normal.]
elojocritico.info/Julio F., historia de un fraude ufológico.
Eran aproximadamente las 6 de la mañana cuando
Julio F. y su
perro Mus se encontraban en aquel páramo solitario de la meseta castellana con su auto averiado.
Julio no sabía qué demonios le pasaba a aquel trasto y su perro, para colmo, no paraba de ladrar. Sus ojos se giraron precipitadamente hacia donde su perro ladraba estruendosamente y vio como a lo lejos, entre la niebla, allá a lo lejos,
dos seres de aspecto humano se aproximaban a gran velocidad, dos seres de gran altura y vistiendo una especie de
traje de color verde ajustado y que desprendían una extraña radiación de color fluorescente con
un pasamontañas amarillento. Aquellas
pupilas enormes y lívidas lo miraban fijamente y eran imposible de olvidar, aquel rostro largo y huesudo, aquella tez pálida, esos labios finos y extremadamente largos...era imposible olvidar aquella expresión sin vida e inerte. Era imposible olvidar a aquellos
seres que
te miraban como perdonándote la vida. Y otra vez aquel fuerte
olor a pino.
Julio se asustó muchísimo y es cuando volvió a escuchar otra vez aquella voz en su cabeza que le volvía a repetir:
”Tranquilo, no pasa nada...”
elojocritico.info/Dibujo del enorme disco de color plata mate, de unos 70 metros de diámetro, flotando a escasos metros del suelo en total silencio, y uno de los humanoides. Conducido a su interior gracias a un “ascensor” que se hallaba en el centro del aparato, Julio F. fue trasladado hacia la cabina central, donde observó distintos paneles con aspecto de “computadoras”, pantallas transparentes, sillas en forma de V y una “camilla”.
Los seres se situaron frente a él y le indicaron que los siguiera; estos, para sorpresa de
Julio, no movían la boca al hablar, pero él los podía entender perfectamente. Obedeció entonces ciegamente las indicaciones de aquellos seres que caminaban a
grandes zancadas y los siguió hasta una colina cercana, y para su sorpresa se encontró
una gigantesca aeronave que, según contó, tenía un tamaño de aproximadamente 4 pisos y se sostenía en el aire como sujetada por alguna extraña fuerza que la hacía permanecer ingrávida.
Julio se quedó como paralizado al ver semejante vehículo ante sí. De inmediato
una luz apareció desde lo alto de la nave, que sin aviso absorbió a
Julio y su perro hacia el interior de la aeronave.
Julio se sintió confundido en un primer momento, pero cuando recuperó la consciencia se dio cuenta de que se encontraba en el interior de un recinto extraño, sin duda era el interior de la aeronave. Era un lugar diáfano y minimista sin aristas, de un metal extraño que no reconoció. Ante él estaban los seres que le habían transportado a aquel lugar, sus
pupilas lo examinaban de arriba abajo. Otra vez escuchó esa voz en su cabeza:
”Tranquilo, no te haremos daño, solo queremos analizar tu perro, pero no lo haremos sin tu permiso...” Julio, sin saber por qué accedió a que se examinara a su
perro Mus,
que fue conducido a una especie de espejo donde se le situó.
A continuación, uno de esos seres pinchó en una pata al perro, entre los sollozos de animal, que se sentía intimidado e impotente para poder defenderse de aquel personaje.
Lo siguiente que
Julio F. recordaba era que regresaba a su automóvil junto a su perro, sintiéndose confundido y mal, por lo que decidió volver a su casa en vez de ir a cazar. No obstante, cuando se percató de dónde estaba, se dio cuenta de que todavía era de noche y su reloj permanecía estático en la hora de aquel fatídico encuentro, las 5 y 30 de la madrugada.
La vida de
Julio F., a partir de entonces, se convirtió en un sufrimiento terrible, pesadillas constantes con aquellos seres, y regresiones hipnóticas que poco a poco iban desempolvando lentamente la memoria oculta de aquella fatídica noche. El fin de
Julio F.,
paradójicamente, ocurrió muy cerca de donde 10 años antes tuvo aquel encuentro en la madrugada, junto a su fiel
perro Mus.
Lo demás, es un secreto entre él y sus
extraños visitantes.
Fuente: mundooculto.es/la-abduccion-de-julio-f/el-caso-espanol/2017
Información:
Puente 2001 p. 41 (edit) - El fraude del caso Julio F. en España
Puente 2001 es un programa argentino de Misterio: http://www.ivoox.com/podcast-podcast-...